miércoles, 15 de agosto de 2018

"27 de marzo"

por Lourdes Masciarelli

Ya estaba todo arreglado. El día, la fecha, la comida, todo. No faltaba nada. Era el 26, y habíamos hablado con las pibas por WhatsApp. Estábamos re felices. Martina preguntaba qué comida tenía que llevar, mientras La Colo y Aria mandaban audios hinchando. Faltaba Pecas, que estaba desconectada. Y así pasó la noche, chateando y durmiendo poco.
Al día siguiente nos juntábamos en la casa de La Colo. Era la más grande. A la de Pecas no íbamos porque era la más rara. El comedor estaba lleno de crucifijos y agua bendita. Nos daba miedo. Al departamento de Martina no íbamos ni en pedo. Era más chico que una hormiga. Al de Aria no se podía, sus viejos no la dejaban. Y al mío no quería, porque estaba mi hermanita que es una hincha, y mis viejos. No quería pasar vergüenza. Pero aun así, la íbamos a pasar genial.
 Finalmente llegaron las ocho, y ahí estábamos todas, en la casa de La Colo, listas para nuestra pijamada. Solo faltaba Pecas. Pasó media hora y no venía. Le habíamos dejado un millón de mensajes, pero no había leído ninguno. También la llamamos, pero no respondió ninguna. Hasta que finalmente nos llegó un audio de ella, diciendo que no iba a poder venir porque tenía mucha fiebre. Nosotras nos quedamos mal, pero nos dijo que igualmente nos teníamos que divertir. Estaba rara. Mientras hablaba, tartamudeaba. Pero no le dimos pelota.
       Cenamos hamburguesas y panchos. Luego miramos una peli y nos fuimos a dormir como a las tres de la mañana. La estábamos pasando bomba, a pesar de la ausencia de Pecas.
 A las cuatro y media alguien nos tocó la puerta. Nosotras nos despertamos y nos asustamos. Nos resultaba raro que tan temprano los papás de La Colo tocaran la puerta y no pasaran directamente, porque creíamos que eran los viejos. La Colo abrió la puerta, y se quedó parada, con los ojos abiertos bien grandes, sin decir una palabra.
─ ¿Qué pasó, bola?-pregunté yo
 Era Pecas. Estaba agitada y transpirada. Le preguntamos qué hacía tan temprano allí. Ella se quedó mirándonos y nos dijo:
─Las amo mucho
 Luego se fue caminando. Bajamos a preguntarle qué le estaba pasando, pero ya no estaba. Llamamos a los viejos de La Colo, que estaban en la cocina, hablando. Le preguntamos dónde se había ido Pecas, y nos dijeron que nunca había estado en casa.      
 Salimos corriendo a la pieza de La Colo y empezamos a hablar, cada vez cagándonos más de miedo. Prendimos la tele y vimos que en el noticiero estaban pasando una noticia de un robo en un edificio muy parecido al de Pecas, igual. Dijeron que habían entrado tres ladrones, a las siete de la tarde, y que habían obligado a las víctimas a cancelar todos sus compromisos. Un par de horas después mataron a una adolescente llamada Jimena Barrionuevo, conocida como Pecas. Las pibas y yo nos pusimos a llorar. Pero nos asustamos más cuando dijeron que luego de matarla, los ladrones desaparecieron, atravesando las paredes

martes, 7 de agosto de 2018

"Una piedrita le golpeó en el hombro"



por Lourdes Gómez Toledo

     Como solían hacer una o dos veces al mes, Ana y su familia habían ido al cine. La película era de superhéroes y, como era de esperar, los malos perdieron y los buenos ganaron. A Ana le gustó mucho la peli, pero no entendía algunas cosas:
-Mamá, ¿por qué los malos eran malos?
- Porque habían hecho cosas malas. En la película lo viste: quieren dominar el mundo, matar gente y cosas así.
-Eso ya lo sé. - respondió con soberbia - Pero no entiendo. Ellos eran malvados porque otras personas les había hecho cosas malas, no tienen la culpa.
- No, pero ellos quieren causar el mal. Por eso los superhéroes los detienen y luchan por la justicia.
-Entonces,  ¿es justo  castigarlos porque ellos hacen cosas malas? Los superhéroes matan a los villanos o los meten en la cárcel, entonces ¡los buenos están haciendo lo mismo que los malos!
-No, los superhéroes salvan al mundo. Por eso todos los aman.
-¡Pero matan a otras personas, y cuando luchan rompen edificios! ¿Eso es la justicia?
- Claro. Los malos fueron castigados - terminó el diálogo su mamá, ocupada con los trámites que tenía que hacer.
    Días después, Ana seguía pensando el asunto. Miraba a su alrededor y pensaba. Veía cómo las polillas rebotaban contra el mosquitero de las ventanas, anhelando la luz de la lámpara del living. “Tal vez sí hay justicia”,  reflexionó Ana, “los malos hacen cosas malas y por eso los buenos tienen que castigarlos. No está mal castigar a alguien por haber hecho algo malo, al contrario, está bien”.  Una piedrita que le golpeó en el hombro la interrumpió. Levantó la vista y vio a su hermano.
-Basta - dijo ella. Él le sacó la lengua y le tiró otra piedrita.
-Dejame en paz – insistió Ana - o le aviso a mamá.
     Pero su hermano sin hacerle caso,  agarró sus muñecas. Les intentó sacar la cabeza, quitarles los vestidos. Ana le gritó  pero él  buscó un peluche y lo garabateó con un marcador.
-¡Basta, nene, cortala! – gritó ella y le pegó en el hombro. Como era de esperar, el chico empezó  a llorar a los gritos y apareció la mamá.
-¿Le pegaste?- se enojó.
-¡Pero yo no hice nada malo! ¡Él estaba molestándome y quiso romper los juguetes, yo sólo lo castigué! ¡Como los buenos a los malos de la película!
- ¡Qué descarada! De acá a una semana no ves más televisión. ¡Estás castigada!
-¿Ves? Yo tenía razón – sonrió Ana - La justicia no existe.

domingo, 5 de agosto de 2018

"El mono más especial se llamaba Senota"


 por Lourdes Masciarelli


     Ayer visitamos el Zoológico. Hicimos de todo. Nos colgamos de las rejas de los leones, tiramos colorante al agua de los hipopótamos, les dimos galletitas a las aves, pusimos café a las peceras. Hasta ahí la estábamos pasando bomba. Cuando le dimos galletitas a los monos, pasó algo extraño, porque comieron las papas fritas y nos la escupieron en la cara. Luego vimos a un mono nadando. Los guardias lo sacaron inmediatamente, creyendo que se estaba ahogando, pero no.

     El mono más especial se llamaba Senota. Cuando le dimos de comer, los ojos se le volvieron rojos. Yo alejé mi mano, y me di vuelta, dándole la espalda. Estaba asustado. Me alejé y fui a ver a los leones. Uno de ellos también tenía un ojo rojo. Salí corriendo hacia donde estaban los pájaros. Tres de ellos tenían los ojos rojos. Comencé a mirar a mi alrededor, y todo los animales tenían los ojos rojos, y estaban mirándome. La profe dijo que en cinco minutos salíamos, pero yo no tenía tiempo. Así que empecé a correr hacia la Salida. Cuando pasé la puerta, todas las jaulas de los animales se abrieron. Los vi correr con sus ojos encendidos.

    A mí empezó a seguirme el mono Senota, pero le pegué con un palo y creo que lo maté. Llegué a mi casa. Lo primero que hice fue prender la televisión. Muchas personas habían muerto.

    Apagué el televisor horrorizado, los ojos de Senota quedaron un rato más allí, brillando.

Sigue la aventura

En el 2018 arrancamos una nueva aventura literaria:


"La chica de cuatro piernas"



 por Lourdes Masciarelli

 
       Mirtle Corbin, conocida como la chica de cuatro piernas de Texas, EEUU, tenía dipygus, lo que significa que nació con una severa deformidad congénita, por eso tenía dos pelvis y dos piernas más pequeñas en el medio, que era incapaz de mover. Su vida no fue del todo linda. Su infancia, más que todo, fue lo peor. Las burlas de la escuela, los chistes desubicados en la calle, la lástima de sus padres.. Mirtle estudiaba y se esforzaba mucho en el colegio. No comía mucho, se iba a dormir temprano y no miraba televisión, porque no se quería ver todo el tiempo en los noticieros. Muy social no era. Tampoco tenía novio. Todos la rechazaban. Con respecto a la vestimenta, casi siempre usaba vestidos o polleras largas hasta el suelo para ocultar sus mini pies. Tenía un teléfono propio, que nunca usaba, solo para hablar con su abuela que la quería y aceptaba tal cual era. Cuando iba a la escuela y la burlaban, generalmente, se quedaba mucho tiempo en el baño llorando con el pañuelo que le había regalado su abuelo antes de morir, y que ella había conservado. Lady Corbin nunca trabajó. No le interesaba,. El peor momento de su vida fue cuando su propia prima le regaló un sombrero que decía: “Tengo una prima con dipygus , la odio". Desde ese momento, Lady no la vio más, tampoco quiso salir más de su cuarto. Siempre que lloraba, se ponía mejor tomando cerveza. Sentía que eso sí era indispensable para su vida, aparte era lo que tenía en común con su abuela, la cerveza.
      Tuvo un solo día feliz . Fue cuando su abuela la invitó al teatro a ver un show de MAGIA. El mago, al ver su enfermedad, la invitó al escenario de buen gesto. Hicieron algunos trucos juntos. Mirtle subió sin preocupación alguna ni vergüenza por nada. Pero en el medio de un truco, se le escapó el secreto de la magia y lo peor es que tenía puesto el micrófono. En esa revelación, se puso a llorar bajando del escenario dolida por el remordimiento. Al final del show, el mago se acercó a Lady y le dijo que no importaba, que se había equivocado, y que era común. Eso la calmó bastante, pero para levantarle el ánimo, el mago hizo un truco para ella sola, pero le salió mal y quedó desnudo por equivocación. Mientras Lady se reía, el mago tapaba con las manos su desnudez. Lady ya tomaba mucho. Cada vez que tomaba, sentía que su abuela estaba al lado de ella consolándola y haciéndole compañía. El último tiempo dejó de comer; parece que así murió, una tarde, sola y desnutrida.