por Lourdes
Gómez Toledo
Como solían
hacer una o dos veces al mes, Ana y su familia habían ido al cine. La película
era de superhéroes y, como era de esperar, los malos perdieron y los buenos
ganaron. A Ana le gustó mucho la peli, pero no entendía algunas cosas:
-Mamá, ¿por
qué los malos eran malos?
- Porque
habían hecho cosas malas. En la película lo viste: quieren dominar el mundo,
matar gente y cosas así.
-Eso ya lo
sé. - respondió con soberbia - Pero no entiendo. Ellos eran malvados porque
otras personas les había hecho cosas malas, no tienen la culpa.
- No, pero
ellos quieren causar el mal. Por eso los superhéroes los detienen y luchan por
la justicia.
-Entonces,
¿es justo castigarlos porque ellos hacen cosas malas? Los superhéroes
matan a los villanos o los meten en la cárcel, entonces ¡los buenos están
haciendo lo mismo que los malos!
-No, los
superhéroes salvan al mundo. Por eso todos los aman.
-¡Pero matan
a otras personas, y cuando luchan rompen edificios! ¿Eso es la justicia?
- Claro. Los
malos fueron castigados - terminó el diálogo su mamá, ocupada con los trámites
que tenía que hacer.
Días
después, Ana seguía pensando el asunto. Miraba a su alrededor y pensaba. Veía
cómo las polillas rebotaban contra el mosquitero de las ventanas, anhelando la
luz de la lámpara del living. “Tal vez sí hay justicia”, reflexionó Ana,
“los malos hacen cosas malas y por eso los buenos tienen que castigarlos. No
está mal castigar a alguien por haber hecho algo malo, al contrario, está
bien”. Una piedrita que le golpeó en el hombro la interrumpió. Levantó la
vista y vio a su hermano.
-Basta -
dijo ella. Él le sacó la lengua y le tiró otra piedrita.
-Dejame en
paz – insistió Ana - o le aviso a mamá.
Pero su
hermano sin hacerle caso, agarró sus muñecas. Les intentó sacar la
cabeza, quitarles los vestidos. Ana le gritó pero él buscó un
peluche y lo garabateó con un marcador.
-¡Basta,
nene, cortala! – gritó ella y le pegó en el hombro. Como era de esperar, el
chico empezó a llorar a los gritos y apareció la mamá.
-¿Le
pegaste?- se enojó.
-¡Pero yo no
hice nada malo! ¡Él estaba molestándome y quiso romper los juguetes, yo sólo lo
castigué! ¡Como los buenos a los malos de la película!
- ¡Qué
descarada! De acá a una semana no ves más televisión. ¡Estás castigada!
-¿Ves? Yo
tenía razón – sonrió Ana - La justicia no existe.
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