martes, 7 de agosto de 2018

"Una piedrita le golpeó en el hombro"



por Lourdes Gómez Toledo

     Como solían hacer una o dos veces al mes, Ana y su familia habían ido al cine. La película era de superhéroes y, como era de esperar, los malos perdieron y los buenos ganaron. A Ana le gustó mucho la peli, pero no entendía algunas cosas:
-Mamá, ¿por qué los malos eran malos?
- Porque habían hecho cosas malas. En la película lo viste: quieren dominar el mundo, matar gente y cosas así.
-Eso ya lo sé. - respondió con soberbia - Pero no entiendo. Ellos eran malvados porque otras personas les había hecho cosas malas, no tienen la culpa.
- No, pero ellos quieren causar el mal. Por eso los superhéroes los detienen y luchan por la justicia.
-Entonces,  ¿es justo  castigarlos porque ellos hacen cosas malas? Los superhéroes matan a los villanos o los meten en la cárcel, entonces ¡los buenos están haciendo lo mismo que los malos!
-No, los superhéroes salvan al mundo. Por eso todos los aman.
-¡Pero matan a otras personas, y cuando luchan rompen edificios! ¿Eso es la justicia?
- Claro. Los malos fueron castigados - terminó el diálogo su mamá, ocupada con los trámites que tenía que hacer.
    Días después, Ana seguía pensando el asunto. Miraba a su alrededor y pensaba. Veía cómo las polillas rebotaban contra el mosquitero de las ventanas, anhelando la luz de la lámpara del living. “Tal vez sí hay justicia”,  reflexionó Ana, “los malos hacen cosas malas y por eso los buenos tienen que castigarlos. No está mal castigar a alguien por haber hecho algo malo, al contrario, está bien”.  Una piedrita que le golpeó en el hombro la interrumpió. Levantó la vista y vio a su hermano.
-Basta - dijo ella. Él le sacó la lengua y le tiró otra piedrita.
-Dejame en paz – insistió Ana - o le aviso a mamá.
     Pero su hermano sin hacerle caso,  agarró sus muñecas. Les intentó sacar la cabeza, quitarles los vestidos. Ana le gritó  pero él  buscó un peluche y lo garabateó con un marcador.
-¡Basta, nene, cortala! – gritó ella y le pegó en el hombro. Como era de esperar, el chico empezó  a llorar a los gritos y apareció la mamá.
-¿Le pegaste?- se enojó.
-¡Pero yo no hice nada malo! ¡Él estaba molestándome y quiso romper los juguetes, yo sólo lo castigué! ¡Como los buenos a los malos de la película!
- ¡Qué descarada! De acá a una semana no ves más televisión. ¡Estás castigada!
-¿Ves? Yo tenía razón – sonrió Ana - La justicia no existe.

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