por Lourdes Ortiz
Lucía Zarate era la persona más pequeña en el mundo, con 18 años apenas pesaba 4 libras que serían 2 kilos de pan. Unos meses después de que ella naciera tenía el tamaño de una caja de leche. En el jardín todas las personas la juzgaban por su tamaño. La ropa del jardín la madre la tenía que hacer ella misma. Mientras el padre le decía que no se preocupara, que no les hiciera caso a lo que le decían los compañeros. El padre la educo muy bien, nunca faltaba el respeto. Ella le hizo caso al padre, en la escuela siempre fue la mejor de la clase, pero las burlas no cambiaban. Cuando cumplió 20 años los padres se le murieron.
Un mes después, consiguió su primer trabajo que fue ser payaso. A los 40 años, la despidieron porque las personas decían que para ponerse arriba de la pelota tardaba media hora en subirse. Después un señor vino y le ofreció un trabajo para el circo. Pero se tenía que ir con ellos, y tenía que trabajar hasta los 90 años o menos. Le advirtieron que en ese lugar ella iba a estar sin teléfono, que había un solo teléfono y eran para los dueños. Ella aceptó, para no pasar invertida se puso un sombrero que le tapaba la cara y un pañuelo. Sus jefes para festejar le dieron una cerveza. Pero ella se puso borracha y sin darse cuenta la encerraron en una jaula de exhibición para siempre. Si salía era porque se enfermaba o porque limpiaban la jaula. En la jaula no había casi nada, se veía una mesita con cosas de su acto y una pequeña, pero más o menos, hermosa cama. Cuando estaba por cumplir 76 años cambió el jefe. Era más estricto. Si hacías algo mal o le contestabas, te mataban. Cuando lo conoció, él se rio mucho de ella y así siguió por horas. Lucía se cansó y algo le dijo, por eso el jefe la mató.
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