por Lourdes Masciarelli
Ya estaba todo arreglado. El día,
la fecha, la comida, todo. No faltaba nada. Era el 26, y habíamos hablado con
las pibas por WhatsApp. Estábamos re felices. Martina preguntaba qué comida
tenía que llevar, mientras La Colo y Aria mandaban audios hinchando. Faltaba
Pecas, que estaba desconectada. Y así pasó la noche, chateando y durmiendo
poco.
Al día siguiente nos juntábamos
en la casa de La Colo. Era la más grande. A la de Pecas no íbamos porque era la
más rara. El comedor estaba lleno de crucifijos y agua bendita. Nos daba miedo.
Al departamento de Martina no íbamos ni en pedo. Era más chico que una hormiga.
Al de Aria no se podía, sus viejos no la dejaban. Y al mío no quería, porque
estaba mi hermanita que es una hincha, y mis viejos. No quería pasar vergüenza.
Pero aun así, la íbamos a pasar genial.
Finalmente llegaron las
ocho, y ahí estábamos todas, en la casa de La Colo, listas para nuestra
pijamada. Solo faltaba Pecas. Pasó media hora y no venía. Le habíamos dejado un
millón de mensajes, pero no había leído ninguno. También la llamamos, pero no
respondió ninguna. Hasta que finalmente nos llegó un audio de ella, diciendo
que no iba a poder venir porque tenía mucha fiebre. Nosotras nos quedamos mal,
pero nos dijo que igualmente nos teníamos que divertir. Estaba rara. Mientras
hablaba, tartamudeaba. Pero no le dimos pelota.
Cenamos hamburguesas y panchos. Luego miramos una peli y nos fuimos a dormir
como a las tres de la mañana. La estábamos pasando bomba, a pesar de la
ausencia de Pecas.
A las cuatro y media
alguien nos tocó la puerta. Nosotras nos despertamos y nos asustamos. Nos
resultaba raro que tan temprano los papás de La Colo tocaran la puerta y no
pasaran directamente, porque creíamos que eran los viejos. La Colo abrió la
puerta, y se quedó parada, con los ojos abiertos bien grandes, sin decir una
palabra.
─ ¿Qué pasó, bola?-pregunté yo
Era Pecas. Estaba agitada y
transpirada. Le preguntamos qué hacía tan temprano allí. Ella se quedó
mirándonos y nos dijo:
─Las amo mucho
Luego se fue caminando.
Bajamos a preguntarle qué le estaba pasando, pero ya no estaba. Llamamos a los
viejos de La Colo, que estaban en la cocina, hablando. Le preguntamos dónde se
había ido Pecas, y nos dijeron que nunca había estado en
casa.
Salimos corriendo a la
pieza de La Colo y empezamos a hablar, cada vez cagándonos más de miedo.
Prendimos la tele y vimos que en el noticiero estaban pasando una noticia de un
robo en un edificio muy parecido al de Pecas, igual. Dijeron que habían entrado
tres ladrones, a las siete de la tarde, y que habían obligado a las víctimas a
cancelar todos sus compromisos. Un par de horas después mataron a una
adolescente llamada Jimena Barrionuevo, conocida como Pecas. Las pibas y yo nos
pusimos a llorar. Pero nos asustamos más cuando dijeron que luego de matarla,
los ladrones desaparecieron, atravesando las paredes





