por Lourdes Masciarelli
Ayer visitamos el Zoológico. Hicimos de todo.
Nos colgamos de las rejas de los leones, tiramos colorante al agua de los
hipopótamos, les dimos galletitas a las aves, pusimos café a las peceras. Hasta
ahí la estábamos pasando bomba. Cuando le dimos galletitas a los monos, pasó
algo extraño, porque comieron las papas fritas y nos la escupieron en la cara.
Luego vimos a un mono nadando. Los guardias lo sacaron inmediatamente, creyendo
que se estaba ahogando, pero no.
El mono más especial se llamaba Senota. Cuando
le dimos de comer, los ojos se le volvieron rojos. Yo alejé mi mano, y me di
vuelta, dándole la espalda. Estaba asustado. Me alejé y fui a ver a los leones.
Uno de ellos también tenía un ojo rojo. Salí corriendo hacia donde estaban los
pájaros. Tres de ellos tenían los ojos rojos. Comencé a mirar a mi alrededor, y
todo los animales tenían los ojos rojos, y estaban mirándome. La profe dijo que
en cinco minutos salíamos, pero yo no tenía tiempo. Así que empecé a correr
hacia la Salida. Cuando pasé la puerta, todas las jaulas de los animales se
abrieron. Los vi correr con sus ojos encendidos.
A mí
empezó a seguirme el mono Senota, pero le pegué con un palo y creo que lo maté.
Llegué a mi casa. Lo primero que hice fue prender la televisión. Muchas
personas habían muerto.
Apagué el televisor horrorizado, los ojos de
Senota quedaron un rato más allí, brillando.
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